Fe de errata

En capítulos anteriores, Afrotorpe aseveró:

(…) Por otra parte, abundando en el tema antisocial, ya no se puede chismorrear quién está o no en un spot (…)

¡Y resulta que es falso! Se pueden ver los miembros como siempre. ¿Pantalla grasienta? ¿Mi grácil índice es débil y no daba con la tecla? … Misterios que aún debo resolver. En cualquier caso, agradezco a la “mente pensante”, que me ha sacado de mi metedura de pata. 

Saludos torpes desde El Olimpo

Afrodita Repipi

23 de Mayo

Será que desde hoy encuentres respuesta a las dudas que te oscurecen últimamente el corazón, a tu cansancio, a tu desesperanza. 

Será que desde hoy tu sonrisa por fin se pueda apoderar de ti, tu honestidad  haga gala del hombre que eres y tu valentía conquiste las metas que hoy ves tan difíciles. 

Sea como sea, tarde, pero hoy, te deseamos otros 365 días de vida, de risas y complicidad. 

Felicidades desde El Olimpo

Afrodita Repipi

Ellos

Que a esas horas de la mañana el ludópata de turno ya estuviera arruinando el amanecer con el chirriante sonido de la tragaperras le irritaba casi más que terminar de leer el periódico. Pero nunca protestaba, ¿qué iba a conseguir?, ser parroquiano del bar desde hacía casi dos décadas no le proporcionaba ventaja alguna ante su propietario, quien probablemente sacaba más rédito de la dichosa máquina que sirviendo cafés a horas infames.

 

Muere un niño de 10 años apuñalado por la pareja de su madre”, cerró de golpe el periódico, alguien se sobresaltó a su lado y él tan solo le enseñó el titular, recibió un asenso de tristeza como respuesta. Soltó las monedas por el café y se marchó despacio, casi sin despedirse. Había mañanas en las que disfrutaba de la tertulia exacerbada por los resultados de los partidos del domingo o por la última burrada del gobierno. Pero aquel lunes se le había agriado la ilusión: ruido, un niño, diez años, muerto, pareja sentimental, madre. 


Llegó a la puerta de su coche murmurando maldiciones, suspiró antes de arrancar e inició la marcha. Entonces empezó a recordar lo que le ocurrió aquella vez, con aquella mujer, la reacción desproporcionada y agresiva que tuvo con él, los gritos de “¿qué te has creído?”, “¡a mí no te acerques!”, “¡a mí no me toques!”, el bochorno que sintió ante la multitud que le miraba con desprecio, algún comentario oyó, “será un acosador”. No se le borraba el desconcierto vivido en aquella ocasión, en la que ni una palabra de autodefensa pudo articular, porque ambos, mujer y audiencia, habían ya sentenciado que su simple ofrecimiento de ayuda, obedeció a, nunca lo supo, alguna falta de respeto, cuando menos.  


Hombres maltratadores, abusadores, acosadores…él no era ni lo uno, ni lo otro. Podía mirar de soslayo a alguna mujer, ¿era eso molestar?, a veces es que no lo podía evitar, ¿le hacía eso un hostigador de mujeres? ¿el hecho de ir algunas con escotes infinitos, faldas escuetas, ropa ceñida…las hacía qué? ¿eran ellas culpables, lo era él o  no lo era nadie?.


Lo cierto es que los tiempos habían cambiado, y para peor, porque estaba confundido, se sentía culpable incluso al dar los buenos días a las seis de la mañana a cualquier vecina paseando con el perro. De hecho es que ya no lo hacía, mejor maleducado, que pasar por la misma vergüenza de aquella ocasión. Su mujer alguna vez le había dicho que debía pasar un día en el cuerpo de una mujer para saber qué se sentía, al caminar por la calle, desde inseguridad, hasta miedo; o en el trabajo, siempre teniendo que hacer más y recibiendo menos…Y tenía razón, debería sentirlo, porque a priori, a él le parecía que exageraba.

Pero maltratar, asesinar a una mujer, y como acababa de leer, matar a un niño. ¿Qué defensa se podía esgrimir ante ese hecho? Por eso se sentía en esos momentos con semejante cabreo, le daba asco ser hombre cuando conocía esas noticias, hasta se enfadaba consigo mismo, y no entendía por qué.

 

El semáforo cambió a rojo y detuvo su coche. Aún andaba en aquellos pensamientos, distraído, cuando se dio cuenta que había posado su mirada durante demasiado tiempo en la conductora del coche de al lado, su instinto le animó a apartar bruscamente la dirección de sus ojos, y sin embargo, debió soñarlo, porque creyó ver que la chica, relajada, le había sonreído. Cuando se atrevió a mirar de nuevo, el semáforo inoportuno, cambió a verde, vio al Smart azul chillón despegar veloz hacia la autopista y con él, el alboroto del pelo largo, desordenado, de aquella desconocida. Aquel pequeño instante, quizá inventado, le tornó inesperadamente el espíritu de esperanza, sonrío, sacudió su aturdimiento, aceleró  y avanzó hacia su destino.

 

Saludos desde El Olimpo

 

Afrodita Repipi  

 

 

 

 

Superhombres 

En El Olimpo, tan cierto como que llega el verano cada año, llegan las revistas “especializadas” con trucos y consejos sobre cómo estar como un pincel para el verano. Esta vez me dio por “leer” una revista pseudocientífica que no por serlo iba a perder el tren de la operación bikini, faltaría más. Y digo leer, porque al final creo que haciendo cálculos matemáticos se me iría el meollo del asunto que supongo debería ser estar científicamente guapos y sanos [sic].


Pero centrándonos seriamente (¡!) en la cuestión y en mis inquietantes cálculos matemáticos, esto es lo que se desprende del estudio de buenorrismo-2015:


1/ Hay que cenar sobre las 20.00 y las 21.00: Muy lógico y muy europeo. Si uno sale del trabajo sobre las 18.00, bastante razonable, sí señor.


2/ Hay que dormir 8 horas, que lo dice la Universidad de Michigan, oigan.


3/ Hay que cocinar por la noche: nada de precocinados o solo un yogur, la cena tipo descrita, indica que sea ligera, y como ejemplo dan una crema de verduras (hecha en casa, el tetrabrik es veneno) y algo de proteína, pollo o pescado. Mmm…si sale uno a las seis, y mínimo una hora para cocinar…Podría ser… ¿por qué no?


4/ Hay que hacer 60 minutos de deporte, y no a cualquier hora, sino una hora antes de la cena (esto lo confirma un estudio de la Appalachian State Univerity de Carolina del Norte): Un momento…salgo a las 18.00, llego a casa con suerte a las 18.45, salgo a hacer deporte –el artículo supone que ese deporte se hace justo debajo de casa- a las ¿19.15? , llego a casa a las 20.15, cocino –sin ducharme- y termino a las 21.15… ay, ay, ay… y ceno en ¿30 minutos?, se limpia todo en ¿20 minutos?, y me ducho y me aliso en otra media hora…ufff…por los pelos aún puedo cumplir el segundo punto, vamos bien.


(que te lo has creído Afro)


5/ Hay que dejar pasar un par de horas desde que se cena hasta que uno se acuesta (según la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo): WTF!


Y como colofón:


6/ Hay que reducir el estrés: ¡¿qué?, ¿qué?, ¿QUÉ? ! 


El artículo no lo decía, pero no hay que ser muy estúpidos para concluir que las personas que podrán estar guapas este verano son aquellas que tengan 20 o menos años, no trabajen ni estudien, tengan la suficiente solvencia económica para no hacer ni lo uno, ni lo otro, y vivan en la más absoluta soledad. Porque a nadie se le escapa que, otro grupo de expertos de la Universidad de Villaburrito del Páramo, afirma que a la familia hay que dedicarle tiempo, para que los niños no te salgan loquitos, ni la parejita infiel y que evitar el estrés a partir de cierta edad y en cuanto uno adquiere responsabilidades es algo menos que imposible incluso aunque te dediques a la noble y solitaria profesión de farero.


Y yo me pregunto, las universidades estas tan sesudas… ¿cuándo decidieron alejarse tanto de la realidad? ¿en el momento que deben servir a la industria que las financia? ¿o tanta estupidez les sale de natural?. Porque ya puestos a adoctrinar, ¿por qué no abogan por jornadas de trabajo razonables? ¿por la efectiva conciliación familiar? Por todo eso que nos haga estar, sí, sanos, saludables, pero sobre todo felices, en compañía de quienes quieres, con tus kilos de más o de menos, comiéndote unas lentejas con chorizo (ainsss) o una ensalada, como sea, pero sin más servidumbres. Seamos serios, por favor. 


Saludos desde El Olimpo


Afrodita Fit Repipi

Ven

Me hubiera gustado tener más tiempo que vivir para llegar a ser una experta en el estudio del cerebro, porque, que de aquel gesto de ese hombre en la entrada del cine al recogerme  las entradas, me acordara de ti, no tiene sentido. Podría quedar bien conmigo misma y decir que fue porque me acuerdo de ti muy a menudo, pero me mentiría. Lo cierto es que pocas veces te asomas ya a mis recuerdos, tu imagen y tu voz ya casi se han difuminado en mi mente, tu nombre ya no significa nada para mí cuando otros lo repiten, y sin embargo, aún te debo de llevar muy dentro, porque la mueca del empleado del cine por alguna causa que solo el diablo sabe, me recordó a ti.

 

Baste decir que en lugar de disfrutar del envejecido Russell Crowe, me pasé el tiempo allí acurrucada en lucha con mi interior, queriendo apartar el flujo de recuerdos que extirpé cuando cortamos cordón umbilical tú y yo. El resultado fue una noche anodina, tan solo quería estar sola, desprenderme rápido de mi acompañante y poder imaginarte susurrando en mi oído “no te asustes, nena” cuando los disparos sobresaltaban a la audiencia. Quería ver la sonrisa de tus ojos brillando en la oscuridad de la sala y palpar ese lunar al acercarme a tu aliento. Pero no podía ser así, el roce de mis tacones en la moqueta del local, me hacía volver a la realidad, mirar a los laterales con angustia y saber que no estabas allí, que en tu lugar ya han pasado un par de sustitutos, a los que tuve que despedir cuando intentaron tomar tu puesto, y que muy dentro y a pesar de mí, tan solo querría que regresaras tú, o retornara yo, o volviéramos ambos a coincidir.

 

Me dirigí rápida a casa oyendo la irritante cantinela de quien me acompañaba, por qué no se callaba de una vez y me dejaba idear una respuesta a mis preguntas: ¿Qué habrá sido de ti? ¿Serás feliz como me amenazaste al irte? ¿Te debería buscar? ¿Por qué borré tu número? Créeme, que en aquel momento de desconcierto,  me sentí rota y sola. No enfadada, sino deshecha.

 

Despedida descortés, cierre con portazo de la puerta de mi casa, empezar a sollozar a gritos y meter mi cara en el grifo del lavabo, fue lo que precedió a mi ingenua búsqueda de tu persona en Google, en una caja de zapatos con fotos y en la agenda de aquel móvil antiguo donde quizá mi agresivo adiós no había hecho de las suyas. Pero fue imposible. Y si supongo que fue una casualidad lo que hace tantos años nos hizo coincidir a los dos, espero que sea una causalidad la que nos separó, porque ahora que me niego a olvidarte, necesito una razón para no sentirme estúpida.

 

Saludos desde El Olimpo

 

Afrodita Repipi

 

 

La enfermedad

Ella me miraba diría que casi divertida a pesar de que su estado era peor que el mío. Era bastante mayor, yo no sé… ¿cuántos tendría?, ochenta u ochenta y cinco años, quizá me quedaba corta. O no, o quizá era más joven y la enfermedad la había convertido en aquel saco de huesos, hundido en aquella silla enredada en cables transparentes. Recuerdo que cuando entré me sorprendió el sonido rítmico y estridente de alguna máquina que acompañaba a la anciana, y casi lo agradecí, porque apenas llevaba un minuto allí, cuando rompí en llantos. Ya no me importaba perder la compostura que siempre guardo, estaba enferma, muy enferma y tenía miedo, ¿qué me iba a pasar a partir de ahora? ¿qué iba a pasar con mis hijos, con mi marido, con mi familia?, y también estaba muy enfadada, tenía solo cuarenta y tres años, ¿por qué tenía que pasar ahora?. Yo tenía tantas ilusiones, proyectos y planes que vivir. Mis hijos viéndome enferma, inútil, mis hijos después que yo muriera, qué harían. Acabaría siendo un recuerdo en su vida dentro de unos años, yo que tanto les quería, tanto esfuerzo y amor puesto en ellos ¿para terminar así?.

Y la anciana, mientras, me miraba impasible. Pasó un tiempo hasta que mis lágrimas no dieron más de sí, entonces la vi metiéndose con dificultad una mano en el bolsillo de la bata de hospital, sacó lo que buscaba y lo alargó hacia mí. Realmente mi instinto hubiera sido gritarle sin educación alguna un “déjeme en paz”, pero la calma me devolvió la cordura, y me metí en la boca el caramelo que me ofreció de un sabor a anís intenso y desagradable. Me cabreó de nuevo haber sido tan dócil al aceptarlo, y sin embargo le sonreí. Ella hizo un gesto de “no pasa nada” acompañado del sonido de los cables adosados a su cuerpo. 

El tiempo que ambas llevábamos esperando que nos recogieran y la quietud de la anciana, se me estaban haciendo ya incómodos, hasta que de pronto comprendí que su silencio no respondía a la paciencia de sus muchos años, sino a que había fallecido, muerto, se había ido al más allá, a mejor vida o como quisieran llamarlo. Y yo, en lugar de dar la voz de alarma, me quedé un tiempo contemplándola. No sabría decir, si tenía semblante de paz, de sosiego o de miedo, realmente nada de eso. Si no fuera por el atrezzo hospitalario, hubiera parecido una señora más, sentada en  el banco de un parque cualquiera, viendo a las palomas picotear pan o al nieto jugar con la pelota.

Nunca sabré si aquello fue mirar a la muerte cara a cara, pero sí que tuvo el mágico efecto de hacerme aceptar lo que ocurrió, lo que vivo y lo que aún está por llegar. Ya no me planteo porqués que no tienen respuesta, me preocupo por los minutos desaprovechados a lo largo del día, me regocija saber lo poco que me importan las menudencias que hace nada servían para amargarme el día, y hasta me he llegado a aficionar a los caramelos de anís…Por lo demás, yo, como todos, de momento, vivo.


Saludos desde El Olimpo


Afrodita Repipi

Miserables

Rara vez suelo comentar lo que fue noticia, por esa manía mía de ir a lo mío, pero hay temas que me enervan. Quien ayer y hoy haya estado atento a las noticias, supongo que ya conocerá los resultados de la Macroencuesta sobre Violencia de Género en España. 


Más información, aquí en este artículo del periódico El Mundo


http://www.elmundo.es/espana/2015/03/31/5519c967268e3e79758b4579.html


Realmente no hay periódico hoy en España que no dé a conocer la noticia. Hago notar este artículo porque es el que más me ha gustado y porque al margen de las cifras de la encuesta, el periodista,  RAFAEL J. ÁLVAREZ, dice algo más. Y agradezco infinitamente que haya alguien que se salga del guion de las simples cifras. ¿Sabes? Quizá hoy vayas sentando en el tren hacia tu trabajo, o estés comprando el pan en el sitio habitual, o tecleando el ordenador en tu oficina, como cada día, y no sepas que tengas al lado a una persona que vive con miedo, al levantarse, al acostarse e incluso al dormir. Y que esto es así porque en su vida apareció un desgraciado que decidió que tenía que aterrorizarla, tan solo porque sí. Pues de eso va este artículo.


No hace muchos años, te sentabas en un restaurante y podías estar degustando el solomillo con el tufo del cigarrillo del comensal de al lado, y te tenías que aguantar, eso hoy en día nos parece una aberración. Afortunadamente hemos adosado a nuestra cultura –unos más que otros- que fumar en un restaurante no solo está prohibido, sino que es perjudicial para con el prójimo. La violencia contra las mujeres, quisiera ser optimista, algún día debe parar, ¿es tan difícil ser conscientes que someter no es amor?. Me temo que sí, me desespera ver que hay gente que condena, faltaría más, al que mata a su mujer, al que la zurra, al que la insulta en público, pero sin embargo, no ve violencia en hombres que, como relata el artículo:


“…  impiden que sus mujeres se relacionen con sus amigos, amigas o familiares, que insisten en saber dónde está la mujer en cada momento, que la ignoran o la tratan con indiferencia, que se enfadan si habla con otro hombre o mujer, que sospechan injustificadamente que le es infiel o que la obligan a pedirle permiso para ir a algunos lugares…”


Si estás leyendo esto y alguna vez te han impedido cualquiera de estas cosas, desengáñate, no te aman, te están tratando mal o combinemos estas palabras, te están, simplemente: maltratando . Si estás leyendo esto, y tratas así a tu pareja, estás ejerciendo violencia doméstica. Y aquí, no ha lugar a interpretaciones, el primer componente del amor es la generosidad, no el sometimiento, eso es simple y  miserablemente violencia. Punto. ¿Desde cuándo reprimir a una persona es amarla?


No voy, no quiero, añadir más que cualquier medio esté haciendo infinitamente mejor que yo. Pero quedarme con los brazos cruzados, tampoco voy a hacerlo, mi tolerancia se reduce a cero ante estos casos. Ante quien inserta gracietassobre maridos celosos, a quien frivoliza sobre una hostia a una mujer, a quien llama calzonazos o cornudos a los verdaderos hombres, que sin duda alguna son los que saben vivir el amor con independencia y confianza, a los que descalifican a una mujer por ejercer su libertad.


Insisto, si eres mujer y lees esto, piénsalo, no nacimos para ser víctimas, nacimos para ser respetadas.


Saludos desde El Olimpo


Afrodita Repipi

LAS EDADES DEL DOLOR*

Leí en alguna parte, o quizá lo imaginé, la memoria lleva traicionándome toda la vida, una frase que venía a decir algo así como ”nunca pensé que la pena pudiera causar dolor físico”. Esta sentencia digna de folletín, esconde sin embargo el camino por el que, según me cuentan, parecen ir los científicos que estudian el dolor. A saber, y dicho llanamente, al cerebro le dan lo mismo las churras, que las merinas, e igual nos hace sentir dolor físico por tener hambre que a causa de que nos abandone el novio o la novia. Pues muy bien, éramos pocos y… la abuela y sus cositas.

Lo que no he llegado a leer nunca, tampoco lo he buscado, es la evolución temporal del dolor emocional. A tiernas edades, no creo que nadie se pare a pensar en ello, suficiente lidiar con la revolución hormonal. Pero cuando se alcanza cierta madurez ¡te duele todo! excepción hecha a los psicópatas a quienes, como todos deberíamos saber, no les duele nada, incluido ver recientemente cómo asesinan caricaturistas y policías en directo y quedarse como el que ve llover .

No sabría hacer realmente un ranking evolutivo de dolores, obvio que la muerte o enfermedad de un ser amado lideran la lista de sufrimientos. Pero no es a lo que me refiero, hablo de la congoja cotidiana, esa que a los cinco años puede hacerte sentir un dolor de estómago al separarte de tu madre por tener que ir a la escuela, yo aún lo recuerdo, me tenía que soltar de su mano en la puerta de la clase y mi universo se desplomaba; o ese tormento que a los quince te hacía incrementar los cráteres faciales, si veías precisamente a tu madre esperándote en la puerta del colegio. Contradicciones del ser humano.

Luego llegan dolores más enrevesados. Como la pérdida de prestigio, que me parece una de las aflicciones más absurdas que se pueden sentir porque el crédito se lo fabrica uno mismo, aunque he visto a mucha gente sufrir exageradamente por esta causa, llegando a experimentar desde depresiones, hasta envejecimiento prematuro. Otro ejemplo, la tortura que se siente por ser testigo impotente del dolor ajeno, este es un daño infinito, se sufre por un hijo…no lo puedo evitar, me viene a la mente esa canción de Víctor Manuel, La Madre, “…qué te puedo dar, que no me sufras, qué te puedo dar, que no te hundas…”, se sufre por la incertidumbre en tu país, creo que no hace falta mencionar ejemplos, se sufre cuando ves que la gente pierde oportunidades únicas para ser mejor, y hasta se experimenta dolor físico cuando se ven las noticias, y para ello no hace falta ser hipersensible, tan solo “ser”.

Y entre los dolores de andar por casa, priman otros atemporales, los que uno siente desde los cero hasta la edad que pierdes las entendederas. Hablo, por ejemplo, del suplicio que se siente al perder un amigo, yo lo padezco personalmente mucho más que perder a un amor, que de eso realmente se llega uno a recuperar. El extravío de un amigo es como una mutilación, porque un amigo es parte de ti, se va, se lleva su trozo. Y así te quedas, con un porcentaje menos de ti, rumiando penas que nunca sanan. Y también, ¿por qué no?, perder algo material, querer tus cosas es algo muy legítimo, no sé por qué tiene tan mala prensa, un objeto puede ir cargado de muchos recuerdos, o simbolizar la fuerza de la que crees careces. Lo pierdes o te lo hacen perder, y se te encoge el alma por miedo a quedarte sin el impulso que te daba o porque la memoria te retrotrae lo que aquel material desaparecido guardaba.

Ojalá se pudiera vivir sin dolor, pero no es así, es inevitable y sentirlo es nuestra obligación, por ridícula que pueda parecer esta aseveración. La sensibilidad ante la desventura propia o ajena, no nos hace débiles, porque del dolor nace la consciencia por la lucha, y hace escuela de la perseverancia en nuestra existencia. Cuando sientes dolor y lo mitigas, cuando lo vences… llega esa sensación indescriptible de sedación que, paradójico de nuevo, narcotiza tu ser y te hace sentir, sobre todo: VIVO.

Saludos desde El Olimpo

Afrodita Repipi

* Afronota: Inspirado por mi amigo Fran, ese tuareg de alma cristalina.

Terminemos

Hay palabras y frases hechas que de tanto usarlas pierden el significado. Esto es lo que a mí particularmente me sucede con los deseos de buena voluntad al acabar o comenzar cada año, de forma que palabras como paz, salud y felicidad, resultan tan manidas que llegan a producirme la misma sensación que silla, manzana o agua, o sea, indiferencia. Por otra parte, me resulta poco práctico desear algo que en el fondo nadie puede controlar, ¿qué podemos hacer de forma efectiva para que haya paz en el mundo, para tener salud y para ser constantemente felices?. Algún granito de arena se puede aportar, claro…Pero no me llegan a convencer.

Como esas tres maravillas os la van a desear por doquier, yo particularmente llevo días pensando cuáles han sido las carencias de 2014 de un modo más doméstico, o si se quiere, menos generalista. Basándome en ello, estos son mis deseos para el próximo año:

Sinceridad: Mayor estímulo para ese radar natural que todos tenemos para detectar mentiras, de forma que los traficantes de sentimientos lo tengan más difícil este próximo año. Que los simulacros de sinceridad no tengan cabida, que los “te quiero” facilones no tengan efecto sin su homólogo demostrado en hechos, que la honestidad no produzca recelo, sino serenidad, me gustaría, en fin, que el miedo a la sinceridad no nos haga renunciar a ella cuando se nos presenta delante.

Cultura: Sí, sí…cultura. Que al terminar el año tengamos la certeza de haber aprendido algo más, da igual si fue el nombre de un poeta, la fecha de una exposición o a conjugar correctamente el verbo andar. Ojalá se desdeñe la opinión de quienes cacarean los “da igual”, “todo vale” o “lo mismo es”. No os engañéis, ni da igual vivir en la ignorancia, ni todo vale si eres un ignorante, ni lo mismo es ser ignorado, porque si lo eres, ¿de qué te sirve vivir, si eres caldo de cultivo para que te manipulen?.

Valentía: Para afrontar las dificultades que sin duda se van a presentar en 2015. Aparecerán vicisitudes que ni hemos buscado, ni seguramente estén en nuestras manos resolverlas, pero os deseo valentía para diseccionar la situación, calibrar la verdadera importancia que tiene, y enfrentarla con madurez. Valentía también para romper las cadenas que arrastremos en nuestras vidas, para hacer realidad nuestros anhelos, e incluso tirarse a la piscina sin salvavidas, si la situación lo requiere.

Para terminar, mis tres deseos personales: espero que este año sombrío y obtuso, se convierta en el peor de mi biografía, espero seguir Contigo y Contigo ¡porque es tanto lo que os quiero!, y por último, espero que El Olimpo errante madure y encuentre por fin su definitiva ubicación. Lo seguiré intentando.

Saludos desde El Olimpo.

Afrodita Repipi